Polo Martín, Carlota; Pujol Priego, Mireia; Valls Bofill, Arola (2025).
“La imagen que falta. Una propuesta para la restitución memorial / The Missing Image. A Proposal for the Restitution of Memory”.
Tercio Creciente, extra 10, 267–277.
DOI: 10.17561/rtc.extra10.9941
Link: https://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/RTC/article/view/9941
Lee el artículo completo: https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2014-06-06/tengo-miedo-a-la-felicidad/

If you want to know more about making the “Diary of Hunger” please read the interview: http://www.onepointfour.co/2014/05/30/the-fence/
Diary of Hunger nació en 2014, a partir de una invitación de Héctor Ayuso para participar en el festival OFFF Let’s Feed the Future con una película que reflexionara sobre la idea de futuro. En aquel momento, Rafa Montilla —productor del documental— y yo empezamos a preguntarnos desde qué lugar podíamos abordar una propuesta vinculada a un festival centrado en el arte visual, la tecnología y los imaginarios por venir.
Mientras manteníamos esas conversaciones, las imágenes procedentes de Melilla y de las costas italianas aparecían constantemente en los informativos: naufragios, violencia fronteriza, intentos de cruce. Fue entonces cuando Rafa formuló una pregunta que terminó definiendo el sentido de la película: “¿Y qué pasa con el no futuro, con todas aquellas personas que se juegan la vida por uno?”. A partir de ahí decidimos viajar a la frontera y trabajar desde ese contexto.
Durante ese tiempo yo estaba revisando la obra de Maurizio Nannucci, especialmente sus instalaciones construidas a partir de frases breves y directas. Una pieza en concreto se quedó conmigo: And What About the Truth. Esa idea —la necesidad de sostener una relación honesta con aquello que teníamos delante— acabó influyendo en la forma de la película.
Desde el principio quise alejarme de ciertos mecanismos del cine documental más convencional y trabajar desde una posición más contenida. La cámara debía funcionar como una herramienta de observación antes que como un dispositivo expresivo. Rodamos con trípode, desde posiciones fijas, intentando intervenir lo mínimo posible en lo que sucedía. Solo llevábamos dos ópticas, un 16 mm y un 24 mm. Si necesitaba acercarme a alguien o a una situación concreta, tenía que hacerlo físicamente. No había posibilidad de esconderse detrás de un zoom ni de filmar desde la distancia.
También el montaje respondió a esa voluntad de simplicidad y de fidelidad a la experiencia. La película fue construida cronológicamente, respetando el orden en que vivimos los acontecimientos. El blanco y negro apareció más tarde, durante el proceso de trabajo, como una forma de desplazar el relato de la inmediatez informativa y situarlo en un tiempo más amplio. La migración no pertenece únicamente al presente; atraviesa la historia de manera constante.
El rodaje estuvo marcado por las condiciones concretas de la frontera en ese momento. Cruzamos hacia Marruecos con una cámara de 16 mm desmontada y repartida en partes, en un contexto en el que no se permitía la entrada de material de grabación. Subimos al monte Gurugú, donde permanecían muchas de las personas que esperaban la oportunidad de cruzar. Compartimos tiempo y conversaciones con ellas, presenciamos algunos intentos de salto y convivimos con la tensión permanente de posibles redadas o controles.
Con el tiempo, he entendido que Diary of Hunger no fue únicamente una película sobre la frontera. Fue también una manera de replantearme cómo mirar, desde dónde filmar y qué implica sostener una cámara frente a determinadas realidades.
Alex Honnold es una de esas personas que no parecen de carne y hueso. Nos conocimos por primera vez en una pequeña pizzería de carretera, a altas horas de la noche y a 50 km de Yosemite, California. Habíamos estado esperándole durante horas, sin poder localizarle. Regresaba de una expedición por el Gran Cañón y, al parecer, se había tomado su tiempo. Allí estábamos, Elena, Borja, Sergio y Bea (sonido, director de fotografía, foquista y producción), un tanto impacientes, formando un equipo pequeño. A las once de la noche, entró de repente un chico de veintipocos años: tímido y agotado tras haber conducido durante 20 horas, con una evidente necesidad de comida. Era Alex Honnold.
Después de presentarnos, empezamos a hablar con él y, poco a poco, dio inicio la semana de aventura. El proyecto consistía en documentar su vida y elaborar una pequeña historia que reflejara la irrefrenable pasión que siente por la escalada. Nos dejamos llevar por su vida nómada, rodando en Epic con cinco o seis ópticas y sonido directo. Ese era todo nuestro material; la idea era trabajar con un equipo ligero para poder fluir sin problemas.
Una de las experiencias más emocionantes fue seguir sus pasos día y noche, pero sobre todo verle escalar sin cuerdas. Es impactante ver a alguien sin miedo. El equipo estaba boquiabierto; a algunos nos temblaba el cuerpo aunque estábamos con los pies firmes en la tierra. De algún modo, sentíamos un vértigo extraño.
Rodar la escalada fue toda una hazaña. Para hacerlo, contábamos con un escalador profesional, especialista en operar cámara en esas circunstancias. Era un chico de Los Ángeles muy amigo de Alex. El procedimiento era el siguiente: el operador escalaría con cuerdas junto a Alex Honnold, mientras Alex escalaba totalmente sin ninguna protección. Equilibrar la cámara no fue fácil, y no distraer a Alex durante su ejecución tampoco. Escalar sin cuerdas implica una concentración brutal, además de un autocontrol absoluto. No hay margen para el error. Alex no le teme a la muerte, lo prometo. Estaba convencida de que ese debía ser un pensamiento que tenía en su cabeza, pero no es así. Lo dejó claro: “si pensara en la muerte, sería incapaz de hacerlo”. Alex es un chico tajante, contundente, de pocas palabras.
Alex vive para escalar. Su furgoneta es su casa, y su pequeña libreta es su compañera, donde anota su día a día en la montaña. Le recordaré por su valentía, su templanza y por ser un alma totalmente libre.
Mari Luz Vidal, fotógrafa y amiga, se une al proyecto de Fesoce, aportando su visión a esta historia significativa para las personas sordociegas. Su trabajo, tan personal y centrado en los rostros, el color y la luz, captura la esencia de lo que queremos comunicar de manera única y conmovedora.
